El Tuta

(Por Hugo Carrizo, ex jugador de fútbol)


Caminaba por mi barrio, en Panquehua, cuando vi pasar rápidamente a un corredor que levaba un ritmo constante con sus gafas negras y el pelo al viento.


El hincha, le gritó: "¡Grande Tuta!" y éste respondió con un saludo muy amable.

"¿Lo conocés?", me preguntó el hincha.


"Obvio", contesté como quien tiene el privilegio de compartir su calle con su superhéroe. Y con los ojos fijados en aquella atlética silueta, y empecé mi relato: "Cómo olvidar a quien me enseñó a disfrutar de la pasión, a quien demostró en cada pelota que tenías que dejar todo por esos colores".


Compartí equipo con él en una temporada y fue suficiente para descubrir esa extraña simbiosis existente entre jugador, club e hinchas.


Mientras más me adentraba en la conversación, más admiración brotaba de mis recuerdos.

Tuve la dicha de poder decir que compartí camiseta con él y disfrutar cada minuto de juego. Yo era central y él se ubicaba justo delante de mí. Y se destacaba no solo por habilidad. El Tuta era un jugadorazo que mientras se movía con la pelota, entonaba las canciones de esa hermosa hinchada. Era maravilloso ver que, en cada corte o salida, no perdía el hilo de la barra.


Era sorprendente saber que sabía todas las letras, que las cantaba durante los 90 minutos.

La sensación en los compañeros era a su vez extraña. Jugar a su lado era no sentir temores; sabías que ganabas cualquier partido, aunque el marcador fuera adverso.





El Tuta lleva tatuado en su pecho al club de sus amores. Tenía tanta pasión que la desplegaba, donde fuera que estuviera en el templo.


Nunca vi llorar a alguien con tanta angustia como a él el día en que fue a préstamo a otro club. Él nunca quiso irse. Y no duró ni un mes en aquel equipo.


Desde entonces, nunca más lo vi jugar. Dejó muy en claro que si no era en Huracán, el Tuta no jugaba.

Puedo contar muchas anécdotas de él, pero ésa fue la máxima, la inolvidable por tan enorme lealtad.

Una gran persona, fiel a su estilo, a sus amores y a su pasión.


A él es a quien tengo que agradecerle la oportunidad de haber conocido a este club cuya magia es incomparable. No podría estar más orgulloso de haber formado parte.


"Hoy, como cada mañana, lo vas a ver trotar por los barrios de Las Heras. Y no tengo dudas de que debe ir entonando las canciones como lo hacía cuando jugaba con la camiseta alba y la 5 en su espalda", le dije.


"Qué decir cuando le cantan 'Huracáaan… Huracáaan….'. A leguas se nota la mueca en su rostro y el pecho inflado de orgullo. El Tuta fue y será, un jugador fuera de serie. Y esa pasión que le puso dentro de la cancha es una inspiración para cada hincha".


Con más nada que decir, volteé hacia quien había hecho aquella simple pregunta. Y en ese instante, el joven me abrazó y con voz entre quebrada expresó un “enorme gracias”. Y luego se marchó.




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